Recuerdas ese día?
Si aquella noche hacia un tiempo increíble
Si, tenía mi mente fijada en ti, y mis ojos clavados en tu pensamiento, tenía todo claro
Porque no lo hiciste entonces?
Porque pensé demasiado

- “Sócrates, ¿sabes lo que acabo de oír de uno de tus alumnos?”
- “Un momento” respondió Sócrates. “Antes de decirme nada me gustaría que pasaras una pequeña prueba. Se llama la prueba del triple filtro”.
- “¿Triple filtro?”
- “Eso es”, continuó Sócrates. “Antes de contarme lo que sea sobre mí alumno, es una buena idea pensarlo un poco y filtrar lo que vayas a decirme. El primer filtro es el de la VERDAD. ¿Estás completamente seguro que lo que vas a decirme es cierto?“
- “No, me acabo de enterar y…”
- “Bien”, dijo Sócrates. “Así que no sabes si es cierto lo que quieres contarme. Veamos el segundo filtro, que es el de la BONDAD. ¿Quieres contarme algo bueno de mi alumno?“
- “No. Todo lo contrario…”
- “Con que” le interrumpió Sócrates, “quieres contarme algo malo de él, que no sabes siquiera si es cierto. Aún puedes pasar la prueba, pues queda un tercer filtro: el filtro de la UTILIDAD. ¿Me va a ser útil esto que me quieres contar de mi alumno?“
- “No. No mucho.”
- “Por lo tanto” concluyó Sócrates, “si lo que quieres contarme puede no ser cierto, no es bueno, ni es útil, ¿para qué contarlo?”.
Intente cambiar mi vida dando un giro de cuarenta
Grados de alcohol, mi corazón sufrió una muerte lenta
Al despertar seguí atado a aquella estaca
Todo sigue igual, otro domingo de resaca
Un paso a delante, dos atrás, a veces el tiempo se detiene
Cuando no sabes que hacer, otras parece que acelere
Nadie puede controlarte, no dejes que te influya
Ya lo sabes, "Todo es decisión tuya"
(Suko)


Aun recuerdo ese sabor que dejo tus labios posados en mi boca. Si, lo recuerdo perfectamente, aquel día yo me puse el jersey que tanto te gusta, un rosa pálido que acompañaba a aquella cadena que me regalaste.
Me quede esperando en aquella barandilla. Que eternos se me pasaban los minutos. Por fin te vi aparecer, mis mofletes pronto se pusieron del mismo color que mi jersey, empecé a sentir un terrible cosquilleo, los nervios se ponderaron de mis piernas y cuando quise acercarme para saludar tropecé como un títere enredado entre sus propias cuerdas.
Recuerdo perfectamente aquel momento, rápido me encontré entre tus manos,siempre calientes, y frotando tu nariz con la mía dijiste “como siempre tan patosa”, que bien me conocías y tras esas palabras sentí tu respiración en mi boca.

En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta...
En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas...
Había una vez... un estanque maravilloso.
Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente...
Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.
Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque.
La furia, apurada (como siempre esta la furia), urgida -sin saber por qué- se baño rápidamente y mas rápidamente aun, salió del agua...
Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró...
Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza...
Y así vestida de tristeza, la furia se fue.
Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.
En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.
Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.
Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad... está escondida la tristeza.
(Jorge bucay)